Apuntes sobre Lunuli. Amuletos elementales de Pamela González

 


Hay lecturas que llegan en el momento indicado. Por supuesto, no es lo mismo leer la Celestina a los quince que, a los cincuenta, pero más allá del hecho de que, a la literatura hay que llegar vívido y vivido, lo cierto es que existen contextos que posibilitan pensamientos, emociones, sentimientos, que de otra manera no podrían haber nacido. Así me ha ocurrido, con la lectura del poemario Lunuli. Amuletos elementales de Pamela González. Decidí leerlo antier, cuando el cielo amenazaba con llovizna y mientras las tímidas gotas caían sobre el techo de mi cabaña, yo leía:

“Estoy volviéndome árbol, en los brotes

presiento el cambio, ahora no vacilan,

¿por qué temer errores que ni oscilan?

vendrán placeres, pétalos y trotes

Voltee entonces a ver lo orgullosos pinos y encinos que rodean este mi jacal, este mi hogar, y me pregunté si acaso no estaría yo mismo trocándome en oyamel, en arbusto o en hongo. La lluvia comenzó a arreciar y las láminas comenzaron a aplaudir de alegría. Yo seguí leyendo:

Liberamos esporas que nutren el ansia

Verde de crecer sobre la piedra

Como líquenes sobre la montaña

Y confundido mi pensamiento con el rumor del ya franco aguacero, me quedé pensado en esta angustia que hace que encienda otro cigarro y que me permite liberarme por momentos. Salí entonces a observar las piedras de la barda que construyó mi abuelo y que ahora son abrazadas por hierbas de antaño. El chubasco crece y se convierte ya en tormenta, un trueno cae cerca y hace que la débil luz eléctrica se ausente por completo.

Eres a quien recurro cuando llueve

cuando azul se revuelca el día

y gira sobre su eje, va y vuelve sin final

tiempo que se ha horcado sin remedio

grito de luz que quiebra nubarrones

Leo esto, que Pamela escribió con otra intención, pero que, a mí me afecta de otra manera sin que la poeta lo sepa. No era lector de poesía, pero hace algunos años alguien, sin que hasta le fecha sepa quien, me regalo un libro de poemas. Lo dejó en el parabrisas de mi automóvil con una nota: “Lee poesía”. Me pregunté por qué aquella gente me hacía semejante petición. Por alguna razón, Lunuli, me ha dado parte de la respuesta.

Alejandro Durán Ortega

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bienvenidos a "La Gloria"

Sobre el Archivo Histórico de Carbonero Jacales

Sobre las cabras en dos patas y la postura del Gobierno Federal sobre la Minería y el Fracking