Apuntes sobre “Ojo de Niebla” de Isabel Bustamante
La poesía te puede coger desprevenido. Uno anda por ahí, haciendo como que hace, en lo que llega la muerte y de repente, de pronto de, imprevisto, de la nada, o como se diría en México “sin decir, agua va”, se anda un tropezando con palabras acomodadas de tal manera que te obligan a detenerte y, detenerse en estos tiempos, es lujo:
“Nos detenemos ante
un camino sin destino para
contemplar un azul
precario, pero ¿qué azul
podemos ver con los
ojos marrones?...
Cierta cosa que te permite la calma
es reconocerte y, uno siempre se reconoce en otros. Yo he volteado al sur y
encuentro discursos hermanos. Este poemario llegó a mí por mera coincidencia en una visita que hice a la Ciudad de México, y ni yo conocía a la poeta y ella por supuesto tampoco a mí. Pero es falso
lo que afirmo, ya éramos viejos conocidos desde Macondo y Comala, ya desde el
mito hay caminos hermanados.
En honor a las medusas,
usamos la luz como
amenaza, tejimos serpientes
con las trenzas y
atamos nuestro cabello para proteger las
cabezas y solo por ese instante, creímos en el
poder de los mitos.
Está, en la portada de mi
ejemplar, una dedicatoria escrita por propia mano de Isabel: “Por la
sensualidad, por el encuentro y la poesía." Lamento no ser poeta, y que mis letras sean únicamente, las de artesano de historias; aun así, no me queda duda que las de
Isabel Bustamante han sido un recordatorio y una advertencia: el camino siempre
es al sur.
Alejandro Durán Ortega
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