Entre los cuentos de Francisco Rojas del libro “El diosero” aparece “la cabra en dos patas” maravilloso relato donde Juá Shota (indio otomí), recibe una oferta monetaria por su hija. La hija, llamada María Agrícola, fue nacida en lugar agreste y una vez crecida dedicaba sus días a cuidar chivas y poseía como toda criatura, belleza propia. “Sus carnes cobrizas asomaban por entre los guiñapos que vestía, la cara chata hacia marco a los ojos de cervatilla y su cuerpo elástico combinaba líneas graciosas con rotundeces prietas.” (Rojas, 2005:86) En el relato, María Agrícola se convierte en objeto de deseo de cierto ingeniero minero que llegó a instalarse (con todo y esposa blanca y de ojo verde) frente al hogar de Juá Shota. La tierra mexicana actual se parece en gran medida a María Agrícola, deseada por empresas de distinta índole, sobre todo mineras. María Luisa Albores González, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, informó que durante el periodo neoliberal, alrededor...
Excelente texto, breve y con ricos tintes surrealistas, me gustó... tal vez sólo pondría: "¡déjenlos en paz"... haciendo tal vez alusión a los recientemente masacrados e Tamaulipas. Saludos.
ResponderEliminarSería más fuerte, cierto. agradezco tu lectura hermano, te mando un fuerte abrazo
EliminarMe gustó mucho el nombre de tu blog
ResponderEliminar¿Verdad que está chido? hace unos ayeres un académico me dijo que lo cambiara poque no era serio. Decidí dejarlo
Eliminar