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10 de septiembre

  Empiezo a escribir tarde el día de hoy, así que no esperen mucho, pero platicaba sobre el nombre de las colonias, y cómo, el indagar sobre el origen de su nombre, te puede encajar en problemas. Claro está, que en complicaciones te puede meter cualquier topónimo, ya sea que su origen sea antropónimo o derivado de la geografía. El nombre de colonias, calles, ciudades, pueblos y hasta países tienen esta condición: significan, demarcan. Hay luego una segunda resignificación, el contenido ulterior generado por la historia, por el machacar del paso diario. Los humanos tendemos a nombrar las cosas y en el nombrar está el pensar. Palabra y pensamiento, así las cosas. Los nombres hacen territorios, el de mi barrio es nítido “el Cuerno” aunque la connotación sea alterable y en contraste la denotación se desvanece cuando sugieres “Mártires de Tacubaya”. Pongamos otro ejemplo, nombremos cuatro lugares, “Tacubaya, Ayotzinapa, San José Gracia, e Inglaterra. ¿Qué nos dice cada nombre? ¿Signific...

9 septiembre

  Nos quedamos detenidos en la plática sobre el descubrimiento de los Mártires de Tacubaya y decía que aquella maestra de apellido Pallares, nos solicitó la compra de “la Navidad en la Montañas” a los hombres y   “Mujercitas” a las mujeres, para que una vez acabado de leer el libro asignado a cada sexo, intercambiáramos obras; así, a mis manos llegó la obra de May Alcott. Dicho libro jamás regresó a la compañera con la que intercambié el de Altamirano, y digo ese libro en particular, es decir, ese ejemplar. No, no era yo ladrón de libros. Verán, resulta que debido a cosa biológica y coyuntural la “Pitufina,” y aquel ejemplar de “Mujercitas” se hallaron juntos. ¿Qué quién era la Pitufina? Era cierta gata atigrada que mis hermanas cuidaban y colmaban de mimos. Pues bien, aquella gata, o aquella Pitufina, como le quieran decir; eligió para parir su camada, el buró donde mi hermano y yo guardábamos playeras. “Mujercitas” en esa noche dormía en el mismo lugar; y la Pitufina, que en...

08 septiembre de 2022

Decía yo que mi barrio era “el Cuerno” y discurría en ello y los pulques. La cuestión de las pulquerías y el nombre del barrio, no es tema gratuito, escuché de vez en vez que la razón de aquel cornudo bautismo se debió a que hace años vecinos del antiguo pueblo de Santa Fe y aún del pueblo de Tacubaya emprendían camino hasta este lugar para beber pulque que era ofrecido en un cuerno de buey o de vaca. De ahí que se dijera “vamos al cuerno”. No tengo el dato de quién lo dijo, sólo recurro a la memoria y ya ven que la memoria, como dicen algunos, “es la libreta de los pendejos.” Al cuerno me han mandado muchas y también muchos, y yo con gusto voy, he crecido en él, ya sea que por ello se entienda al de la abundancia o al de mi barrio. Es curioso que “el Cuerno” conservara ese nombre, aunque no manera de oficial y lo es más, que existan calles, (como en la que crecí y donde iniciaba el recorrido del relato anterior), dividida en dos colonias: la “Mártires de Tacubaya” y la “María G. d...

Día de infancia sobre la mar

  6 septiembre de 2022 A cada choque de mi frente, sobre el cristal del antiguo camión conocido como Ruta 100 relampagueaban ideas: “un trueno”, “una bomba”; pensaba, eliminaría de tajo a todos estos burgueses cuyas casas y negocios veía a través de aquella pantalla móvil. Lo visto me producía ofensa, y sin saberlo, concebía una idea de violencia legítima derivada del recelo de “tener de unos, contra el no tener de nosotros”, o “el abuso de unos, contra nosotros”. Aquel pueril pensamiento, correspondía perfectamente a mis 12 o 13 años y no veía la hora de llevar todo aquello a cabo. Me regocijaba toda esa imaginada destrucción justiciera. Llegado el momento, bien podría haber repetido junto al caballero andante: “Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso, o menesterosa, que ha mene...

Desilusión

 Mantuve tu mentira, como el recuerdo conserva la costa de las caricias tras haber dejado puerto No es que el engaño creciera Puesto que todo artificio De por sí, germina grande Sólo dejé que viviera Toda razón me gritaba Que había que matar aquello Ilusiones causan penas No hay quimera razonada Costeando estoy mi invención ¡Deformada la mirada!”, ¡arrojándote  la falta! cuando de sobre lo sé, qué pecho sirvió de nido, de ilusión tan perturbada Alejandro Durán Ortega

Jacales

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  Hace unos días una persona me escribió el Messenger: “el fin de semana voy a tu jacal”, como el mensaje fue escrito, no puedo interpretar el tono con que esta persona lo pensó. Pero me dio pretexto para pensar en la palabra “jacal”. Dicha palabra viene “del vocablo nahua “xacalli”, con lo que se designaba una especie de choza regularmente humilde. Hoy en día lo mismo viene significando. Y pensando, pensé que efectivamente en un jacal habito; de hecho este jacal se encuentra en lugar que lleva el término en su nombre “Carbonero Jacales”. (Aunque Jacales quedan pocos y menos aún carboneros) Y aquí en este humilde jacal, alejado de la carretera y del centro del poblado; se cuenta con pocas cosas. Este jacal, sólo tiene, flores, manzanas y duraznos, columpios, risas y bailes. Contiene además pasos antiguos e historias profundas, están los jarros y platos acomodados según los amores de mi abuela, vigas labradas según las ampollas de mi abuelo y tíos. Están los chillidos de mi madre, y...

Merluza

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  Creo que no has muerto del todo, creo que me estás engañando. ¿Sabes? Yo había soñado tu muerte, y no me explico la razón de tu necedad. Supongo que vives en mí y así, mientras no muera yo, no morirás tú. Pensé que habías fallecido, pero estando parado en una esquina revisando mi bolsillo, el cual encontré falsamente lleno, te alcance a ver llamándome, al otro lado de la avenida. ¿Sabes? ¡Eres tan dulce! Francamente pensé en atravesar la acera y sentarme contigo todo la tarde, sostenerme en tú plática y tus caricias. Bien sé, que la cosa terminaría en cuestión ingrata. No, no te confundas, no soy malagradecido, he recordado con ansía las risas, la calma, lo convincente y todo aquello que me dabas a girones, y por ello te respeto, te añoro, pero tus dos filos se ciernen sobre mi cabeza. Y ¿Qué quieres qué haga? Te he amado como a nadie, te amé a tal grado de olvidarme de mi.